¿Qué nivel tienes de autoconocimiento? ¿Sabes por qué te irritas con determinadas situaciones, y por qué te sientes triste con otras? ¿Conoces qué falla cuando no te sientes feliz? El verano te puede ayudar. 

autoconocimiento verano

El verano suele traernos más tiempo libre. Podemos así dedicar más tiempo a relajarnos, hacer lo que nos gusta y disfrutar de las personas y los lugares que nos aportan bienestar. Sabemos que no todo es positivo: el verano también trae rupturas sentimentales, discusiones familiares… Tanto lo bueno como lo malo que ocurra este verano, puedes aprovecharlo para profundizar en tu autoconocimiento. Aprovéchalo con las siguientes claves:

1. Conoce tus necesidades

Tú necesitas determinadas cosas, personas, momentos y detalles que te diferencian del resto. Tu forma de sentir esa necesidad es única. Y, sobre todo, es única tu forma de sentirte cuando esas necesidades están cubiertas. En verano solemos aprovechar para realizar planes que nos satisfacen.

Detecta qué motivos te han llevado a organizar tus momentos de ocio y tus planes de verano. ¿Buscas sentirte tranquilo y relajado? ¿Quizá más amor y conexión con tus familiares? ¿Deseas conocer algo nuevo y vivir algo diferente? ¿Necesitas sentir diversión, alegría y estar relajado de normas y protocolos?

Las respuestas que encuentres trasládalas a tu vida diaria. Evalúa en qué nivel tienes cubiertas esas necesidades en tu día a día. Puntúa de 1 a 10, y si no llegas al 7, busca acciones que te aporten esa tranquilidad, esa variedad o esa sensación de alegría que necesitas. Cubrirlas sólo en algunos fines de semana y en unas pocas semanas de vacaciones no es una buena receta para ser feliz.

2. Detecta qué es lo que más valoras.

Aquello que más valoramos en la vida es lo que nos mueve a tomar las decisiones importantes. Son nuestros valores. Están muy grabados en nuestro subconsciente, por eso a veces ni nos damos cuenta de que están influyendo.  Puede ser la libertad, la familia, la solidaridad, el crecimiento personal, la lealtad… Cuando elegiste tus planes de vacaciones, tus valores estuvieron presentes. Sin embargo, puede ser que tuvieses que sacrificar, involuntariamente, alguno de ellos.

Si al acabar las vacaciones no te sientes del todo bien con lo vivido, te conviene revisar tus valores y ver cuál de ellos no tuviste en cuenta. Quizá le diste demasiada importancia a uno (responsabilidad, tradición…) y sacrificaste otro que para ti tiene más valor (independencia, bienestar…)

Conocer y jerarquizar tus valores tu ayudará en tus momentos de indecisión y de planificación de objetivos.

3. Actualiza tus normas. 

Cada uno tenemos nuestras propias normas: sabemos lo que tiene que pasar para que nos sintamos amados, respetados, valorados, ignorados… Por ejemplo: “para sentirme amado mi pareja tiene que desear pasar cada minuto conmigo cuando estamos de vacaciones”. Si tú tuvieses esa norma, es fácil que te sintieses enfadado a menudo en tus vacaciones. 

Cuando te enfadas, lo que ha ocurrido es que alguien ha violado una de tus normas. Aprovecha el verano para descubrir qué es lo que más suele enfadarte de tus personas cercanas. Detecta qué normas tuyas se están viendo afectadas, y decide si puedes bajar un poco el listón. Eso te ayudará a sentir menos enfados.

La otra opción que tienes es comunicar tus normas a esa persona. Es muy posible que no las conozca, ni se las haya planteado. Lo que para ti puede ser una norma muy “lógica”, para otros puede ser algo “exagerada”

4. Observa los patrones que repites.

Funcionamos por patrones de conducta. Generalmente los hemos adquirido y afianzado en nuestras dos primeras décadas de vida. Por ello, están muy en relación con nuestro núcleo familiar de origen. Si en el verano pasas unos días con tu familia cercana, padres o hermanos, tienes una buena oportunidad para detectarlos.

Observa si alguna de sus formas de organizar al personal, de planificar el día, de enfadarse o de preocuparse por todo te recuerdan a ti. Si es así, esos patrones los aprendiste en tu núcleo familiar. Está muy bien que seas consciente de que son patrones que están muy arraigados en tu personalidad, y por ello los ves muy coherentes y apropiados. Una persona de otra familia podría, perfectamente, no verlos tan lógicos y actuar de otra forma.

Ser consciente de ello te ayudará a poder poner distancia y elegir otra opción cuando creas que esos patrones heredados no son los más apropiados para tu situación actual, para los tiempo que corren… También te servirá para empatizar mejor con tu pareja, amigos…  Entenderás también que ellos reaccionen de otra forma ante las mismas situaciones. 

5. Fíjate en los patrones que repeles

Son aquellas reacciones que no te gustan nada. Te irritas cuando alguien las hace. Por ejemplo, ser muy relajado en la planificación del día, o pasar horas y horas sin hacer “nada productivo”, simplemente tumbado, escuchando música o leyendo algo.

Evalúa si en tu día a día actúas en el extremo opuesto a esas conductas que no te gustan nada. Si es así, puede que ese “extremismo” te esté aportando un estrés interior innecesario. Los extremos no son buenos, y por ello te convendría revisar si puedes hacer algo para ser más permisivo contigo mismo y con los demás. Eso te permitiría vivir con más tranquilidad

Utiliza el mismo procedimiento que en el paso anterior: observa las reacciones de tus personas cercanas, y evalúa cuáles hacen que pienses aquello de “no sé cómo puede hacer eso”

Tanto lo que repites, como lo que repeles, es algo muy auténtico tuyo. Conocerlo y evaluar si te conviene en este momento de tu vida te ayudará a crecer a nivel personal y alcanzar mayor tranquilidad interior

Eduardo Llamazares.