¿Tu pareja, tus amigas o tu médico te insinúan que tendrías que cambiar ciertas cosas para sentirte mejor? ¿Cuántas veces te has dicho a ti mismo: “a partir del próximo lunes/curso/año… voy a cambiar esto”? Buscamos retos y cambios para sentirnos mejor. Sin embargo, nos estamos saltando un paso muy importante. 

Si no descubrimos la causa real de esa necesidad de cambio, podremos conseguir cambios, pero nos costarán mucho más esfuerzo y posiblemente acabaremos haciendo algo parecido a lo que hacíamos antes. (Un ejemplo muy claro se observa en el cambio de pareja: hay personas que repiten ciertos modelos sin plantearse por qué caen siempre en los mismos patrones).

Por eso es bueno que tengas presente que lo primero que necesitas no es un cambio, sino una investigación. Quizá de pequeño te gustaba investigar, y ahora hace tiempo que ni te lo planteas. La investigación de la que te hablo no es peligrosa, ni necesitas ayuda para realizarla. Sólo te necesitas a ti. Eso sí, necesitas cambiar de “gafas”: observarte de una forma diferente a como lo haces a diario.

 

¿Sobre qué investigar?

Sobre lo más importante para ti y para los que te quieren: tu identidad. Sí, imagino que pensarás que ya te conoces muy bien. Pero quiero que te plantees si te estás limitando en la definición que haces de ti mismo.

Si te pido que te definas, seguramente encontrarás rápidamente varios adjetivos para describirte tanto físicamente como a nivel de conducta: responsable, servicial, independiente… Estoy seguro de que tienes razón, pero también sé que hay cosas que te olvidas. Seguro que también tenías, y tienes, otras cualidades que también eran parte de tu identidad, pero que las circunstancias hicieron que fuesen quedando más ocultas.

Por ejemplo, yo hasta hace no mucho me describía como un poco soso y nada creativo. Eso sí, muy responsable y constante. 

Esos adjetivos que nos vienen rápidamente a la cabeza cuando nos definimos son aptitudes que creemos que tenemos, o creemos no tener. Y son esos, y no otros, por algún motivo. Los hemos incorporado a nuestra identidad en base a la respuesta que hemos ido percibiendo de nuestro entorno durante años. Quien más ha influido en esa construcción de nuestra identidad han sido nuestros familiares cercanos y amigos. Su intención era, en la mayoría de los casos, reforzarnos lo que ellos entendían que era lo mejor para nosotros. 

Veamos un ejemplo

Imaginemos que yo obtenía halagos cuando hacía las cosas tal y como se me indicaban, sin variarlas ni cuestionarlas.  Al conseguir los halagos por el deber cumplido, entendía que así es como se conseguía el amor de una madre, un padre, o alguien importante en esa época de mi vida. Es muy probable, entonces, que ahora me defina como una persona responsable y poco creativa. Simplemente porque habré ido repitiendo ese patrón que tantos beneficios me aportó en mi época de aprendiz. Y que, dicho sea de paso, es muy aceptado por la sociedad en la que vivimos. 

¿Significa esto que no era creativo y curioso? No, en mi esencia había muchas aptitudes a desarrollar. Lo que ocurre es que desarrollamos unas, las que más beneficio nos aportan en ese momento. Pero descuidamos las otras, quizá no porque no nos gusten o nos cuesten más, sino porque no eran tan “bien vistas” por los demás. 

¿Qué puedes descubrir? 

Revisar tu identidad te permitirá descubrirte como realmente eres, que es mucho más profundo e interesante de cómo sueles ser. Tendemos a utilizar inconscientemente ciertas “máscaras” que nos ponemos en el trabajo, con los amigos, con la familia política…

Posiblemente estés pensando que tú no, que eso es de cínicos. Sin embargo, es un hecho que muchas veces reprimimos nuestras emociones. Y tus emociones forman parte de ti. Las reprimimos porque consideramos que no está bien actuar de la forma que sentimos, o decir lo que pensamos.

A veces la máscara consiste en exagerar nuestra capacidad de trabajo y de cuidar a los demás, pasando por encima de nuestra propia salud. Así, recibimos etiquetas de que somos “muy responsables”, o “muy fáciles de llevar”, “atentos”, “cariñosos”…

El hecho es que obtenemos un refuerzo positivo, y por eso vamos potenciando esas “máscaras”. Al final acabamos utilizándolas de forma automática, pensando que son nuestra identidad. Cuando alguien nos hace ver que quizá hay otra forme de actuar, solemos decir aquello de “yo soy así, no lo puedo cambiar”

Cuestionar para evolucionar.

Claro que esa forma de actuar es parte de ti, pero no eres sólo eso. Tu eres mucho más, y puedes sentirte mucho mejor siendo más respetuoso contigo mismo. Por eso merece la pena esa investigación de la que te hablo. Y por eso no necesitas cambiar sino evolucionar aquellas habilidades, creencias y emociones que no has utilizado tanto, que no se te potenciaron desde pequeño.

Cuando hablo de crecimiento personal, me refiero a este proceso de investigación y evolución de la “máscara” con la que más te identificas, y que en tu entorno se da por hecho que es la auténtica. Consiste en generar una nueva mentalidad y nuevas formas de actuar más acordes con tu esencia, con tus valores y necesidades actuales (no las que tenías cuando desarrollaste tu personalidad hace ya unos años). 

Es importante que tengas presente que nadie puede hacer el trabajo por ti. Lo que sí puede hacer un profesional es ayudarte a sensibilizarte para que puedas percibirlo por ti mismo, darte pistas para entenderte y guiarte. El inicio del proceso es que te replantees si tu forma de pensar y actuar está actualizada y te sirve para las circunstancias de tu momento presente. Si te apetece conocer el método que he creado para este proceso, pincha aquí.

* * Auto-coaching * *

Te propongo un ejercicio: recuerda el día de ayer o días previos. Repasa todo lo que sucedió dentro de ti (emociones de tristeza, frustración, miedo, rabia, orgullo…) y alrededor de ti (discusiones, felicitaciones, reproches…). Obsérvalo como si esto le ocurriese a otra persona, sin juicios ni justificaciones, sin criticar ni compadecer (ni a ti ni a los demás).

Después, cuestiónate si todo eso que hay en ese día suele repetirse a menudo. Plantéate si crees que esa forma de hablarte, o esas circunstancias que te rodean, las has generado tú. Ten en cuenta que es posible que no lo hayas hecho de forma consciente, sino inconsciente. Reflexiona sobre qué creencias y qué normas te has ido creando, pensando que eran las únicas o las mejores.

Siente si te benefician o si hacen que, al observarlas, desees cambiarlas evolucionando algún aspecto. ¿Crees que podrías desarrollar nuevas habilidades, normas y acciones más sanas para ti mismo, y al final, para los que te rodean? 


Y ahora, te invito a que compartas alguna de tus reflexiones. Te aseguro que es muy terapéutico escribirlas y compartirlas. ¿Cómo te sentirías si cambiases alguna de esas máscaras que tu entorno te ha adjudicado o tú has utilizado inconscientemente? Me encantaría que compartieses conmigo alguna reflexión sobre este tema. 

Muchas gracias. 

Eduardo.