¿Estás sometido a momentos de tensión a lo largo de la semana? Reuniones que te generan estrés, jefes que sólo trabajan bajo presión, o situaciones familiares incómodas suelen ser momentos que aumentan nuestra tensión interior. Desajustan el equilibrio interno de nuestro cuerpo (el sistema nervioso simpático y parasimpático se encargan de este equilibrio). 

Las consecuencias de esa tensión estoy seguro de que ya las conoces: contracturas musculares, desajustes en el sistema digestivo, dolor de cabeza, alteraciones en la piel, insomnio…

Te conviene saber que hay una forma de disminuir esa tensión. La buena noticia es que sólo depende de ti. La no tan buena es que requiere de tu compromiso, ya que ha de hacerse un hábito para que tu cerebro la automatice. 

gratitud contra la tensión

 

Consiste en observar las situaciones que te ocurren en el día a día desde un ángulo más completo. Buscar algo por lo que sentirte agradecido. Conviene empezar analizando las situaciones agradables que hemos vivido en un día. Por ejemplo, al finalizar tu día, dedica un par de minutos a pensar de tres a cinco cosas por las que te sientas agradecido. Hasta aquí, muy sencillo. Y muy potente, ¡creéme!

No basta con dar las gracias

También hay que sentirlo. Sentir que estás agradecido por ese gesto de esa persona, por ese dinero que te permite cubrir esa necesidad o deseo, por haber decidido ayudar a alguien… 

Al principio será un poco forzado. Quizá te sientas hasta ridículo dando gracias por cosas que ya hace tiempo que tienes. O que das por supuesto que forman parte de tu vida y de la de cualquier persona. Aún así, ¡hazlo!

Considéralo como un entrenamiento. Estás acostumbrando a tu cerebro a detectar situaciones y elementos por los que estar agradecido. Este entrenamiento te será útil para esos momentos de tensión en la oficina, en tu hogar… 

Cuando vivimos situaciones tensas, entramos en estados emocionales de rabia, frustración, tristeza, miedo…

Debes saber que la emoción gratitud tiene más poder en tu cuerpo que todas ellas. Las demás dependen de tu interpretación, del punto de vista desde el que ves la realidad. Sin embargo, la gratitud responde a un estímulo realista. ¿Por qué? Porque si piensas en tus orígenes, llegaste a este mundo sin aportar nada. Eres parte de él y puedes disfrutar de una naturaleza maravillosa, un sol que te aporta energía, unas nubes que permiten que la vida fluya en este planeta, unas personas que están dispuestas a quererte y ayudarte, unos alimentos que te permiten tener energía para hacer tu vida… 

¿Y en las situaciones de estrés y tensión?

Estarás pensando… ¿me voy a acordar yo de lo bonito que es poder escuchar el sonido del mar? Aquí es donde obtendrás los beneficios de tu entrenamiento. Recuerda que tu cerebro tiene una gran capacidad para aprender nuevas habilidades, gracias a su plasticidad neuronal.

Por ello, si te has entrenado para encontrar detalles por lo que sentirte agradecido, tu cerebro tendrá facilidad para detectar algo por lo que sentir gratitud. 

Quizá el ambiente tenso sea el mismo, pero tu actitud puede ser distinta. Podrás dejar de entrar en ese estado emocional que nada bueno te aportaba. Podrás recordarte que estar en ese puesto de trabajo tiene sus beneficios, y sentirte agradecido. O que esa persona que te altera, también te aporta crecimiento, diversión, afecto… O que al terminar, tienes alguien con quien compartirlo. ¿Cómo sería tu vida sin todo eso?

Beneficios de sentirte agradecido

Hay estudios que han analizado las funciones cerebrales en personas que sentían gratitud habitualmente (Emmons y McCullough, 2003). Estos son los beneficios que tiene este hábito tan a tu alcance:

  • Aumento de la atención y la determinación en el día a día.
  • Incremento del entusiasmo y la energía percibida.
  • Disminución de los niveles de estrés.
  • Influencia positiva en el metabolismo.
  • Mejor control del sueño y el sistema digestivo, por aumento de la actividad en el hipotálamo.

Te comparto aquí uno de los momentos en que me sentí muy agradecido de estar donde estoy, pese a las dificultades que estoy encontrando para sentirme cómodo en esta isla de Tailandia. 

¿Te animas a adquirir este hábito? Si te sientes agradecido, puedes compartir este post pinchando los botones de abajo, o quizás desees dejar una reflexión en la sección de comentarios que hay más abajo. 

Muchas gracias, de verdad, por acompañarme con tu lectura. 

Un abrazo,

Eduardo.