¿Te cansa escuchar a tu gente decirte que tienes que relajarte? O más bien al contrario, ¿nadie parece darse cuenta de lo agotado que te sientes? Si lo de relajarte no es algo que esté incluido en tu agenda, y empiezas a sentir el estrés en tu día a día, te conviene hacer algo. 

Vivir sin estrés

No voy a proponerte aumentar tus horas de sueño, meditar y salir a la montaña. Hay muchas estrategias para conseguir relajarse. Pero si tu problema es que no tienes tiempo para relajarte, no quiero meter más presión en tu agenda. Lo que te voy a proponer es un cambio de enfoque. No te llevará más tiempo, pero sí puede ayudarte a cambiar la perspectiva. 

Yo era una persona muy ocupada. Todo el mundo parecía saber lo que necesitaba: ¡Relájate! ¡No puedes vivir tan estresado! Sin embargo, no sabía parar. En realidad, no lo identificaba como un problema. Era parte de mi forma de ser. Ya sabes la importancia que le damos a las etiquetas que nos vamos poniendo en nuestro crecimiento (leer más aquí). 

La vida te va dando lecciones, y llega el día en que entiendes que no puedes seguir así. 

Estamos de acuerdo en que el tiempo es oro. Soy de la opinión de que lo que haces con tu tiempo es lo que haces con tu vida. Así que más vale tener claro en qué se te va tu tiempo. Pero sacar tiempo para relajarse es tan necesario como trabajar, dormir o comer. 

¿Qué obtienes de vivir con estrés? 

El primer paso que te propongo es buscar qué beneficio estás sacando de estar siempre tan ocupado. En principio puede parecerte contradictorio, pero te pido que lo analices bien a ver si encuentras algo. Te doy algunos ejemplos de razonamientos que puedes tener:

  • Me considero mejor persona al estar haciendo siempre algo por los demás.
  • Tengo la creencia de que “estar relajado es perder el tiempo“. Por lo que si siempre que estoy haciendo cosas, estoy “ganando tiempo”.
  • Pienso que mi futuro será mejor si ahora aprovecho mucho el tiempo, trabajo mucho…
  • Siento que no puedo delegar mis tareas, “nadie lo hace como yo“. Me siento más tranquilo estando yo pendiente de todo. 
  • Creo que soy un buen ejemplo para mis hijos, compañeros, empleados… 
  • Estando tan ocupado evito afrontar ese área de mi vida en el que no me desenvuelvo demasiado bien: encontrar pareja, socializar, hacer deporte…

Como ves, hay beneficios muy apetecibles: la tranquilidad en el futuro, la autoestima, la seguridad… Puede que te parezca inverosímil que alguien piense así.. Pero estos ejemplos son reales, los he sacado de mi experiencia trabajando con clientes. En el mundo de las creencias, lo que algunos defendemos a capa y espada a otros les parece una atrocidad. 

Si te quieres, prueba este nuevo enfoque

Es importante que partamos de la idea de que darte permiso para relajarte es una decisión tuya. Esto implica que sólo depende de ti, pero que requiere un compromiso por tu parte. 

Mi consejo es un cambio de enfoque: no lo llames relajarte, llámalo recuperarte. El concepto “relajarse” puede tener connotaciones negativas para ti. Si en tu adolescencia y juventud te decían aquello de “muy relajado te veo”, y eso implicaba que estabas haciendo algo mal, es muy posible que hayas aprendido que estar relajado no es bueno. 

Pero si te gusta vivir con energía, aprovechar tu vida y disfrutar de planes y proyectos, sabes que para ello necesitas salud. Y también sabes que tu cuerpo soporta muchas exigencias por tu parte: horas de reunión, falta de horas de sueño, trabajo sedentario… Por ello te conviene no sólo tenerlo claro, sino darle la importancia que ello tiene para tu futuro. De nada te sirve estar haciendo una carrera profesional muy exitosa, o teniendo una vida social muy ajetreada, a costa de perder salud sin darte cuenta

Así que cambia el enfoque y cambia el lenguaje que utilizas en este tema. Las palabras que utilizamos tienen mucho poder a nivel de nuestra mente y los razonamientos subconscientes que hacemos. Así que recuérdalo: no lo llames relajarte, llámalo recuperarte.

Si quieres reforzar esta idea, te animo a que escuches este vídeo en el que comento esta idea. 

Algún ejemplo para empezar

Puedes comenzar con obligarte a para 2-3 minutos durante la mañana, o la tarde, para no hacer nada. Simplemente descansar tu mente y tu cuerpo. También puedes recurrir a la música. Pero ojo, no al mismo tiempo que haces otras cosas. Márcate como objetivo disfrutar de una canción sin hacer otra cosa, sólo escuchándola, bailándola… Estos pequeños ejemplos pueden convertirse en un  hábito si te lo propones. Estarás ayudando a tu cerebro y a tu cuerpo a recuperarse. Tú al principio no lo notarás, pero ellos sí! 

Espero que te sirva esta idea, como a mí y a más gente nos ha servido. Te invito a compartir tus reflexiones en los comentarios de más abajo. Compartiendo crecemos todos! 

Eduardo