Muchos de nosotros pasamos por épocas en las que nos damos cuenta del agotamiento que sentimos por no poder cambiar una situación. Puede ser en el trabajo, en las relaciones familiares, en temas de pareja… Leemos libros, acudimos a terapeutas, hacemos esfuerzos por salir de ese sufrimiento… Y sin embargo, al cabo de un tiempo nos damos cuenta de que seguimos igual. Nos vuelven a visitar esas emociones desagradables, esa ansiedad, tristeza… y volvemos a plantearnos nuevamente hacer algo por cambiar ese ciclo que ya dura demasiado… 

fiea a tu esencia

¿Qué síntomas tiene?

Lo primero que solemos hacer en esas épocas bajas es buscar los motivos que hacen que, otra vez, nos sintamos mal. Solemos echar las culpas a las circunstancias o a la forma de ser de los demás. Nos surgen pensamientos de este estilo:

“En esta empresa nunca podré estar a gusto”

Mi pareja no es capaz de hacer esto por mí…”

“Mis hijos son unos desagradecidos”

“Mi hermana no se da cuenta de lo que hace”

En mi experiencia personal y como Coach, he comprobado que conviene siempre plantearnos esta cuestión: 

¿Estás siendo demasiado fiel a alguien?

No me refiero a la fidelidad de pareja. Es otro tipo de fidelidad, que también influye decisivamente en la felicidad de algunas personas. 

Somos demasiado fieles cuando estamos asumiendo la identidad de otra persona. Es lo que podríamos llamar una “decisión primaria”, ya que lo decidimos, en la mayoría de los casos, cuando somos muy pequeños. Es una decisión inconsciente, que tomamos por amor o por supervivencia

Cuando hablo de asumir la identidad me refiero a aceptar como propias su forma de ver el mundo, sus creencias y actitudes hacia la vida. Esto solemos hacerlo de alguna persona muy cercana en aquellos primeros años de vida. Alguien a quien, en esos momentos de nuestra vida, queríamos como si nuestra vida dependiese de ella, y a quien estábamos viendo sufrir (desde nuestra perspectiva). 

Por ejemplo, si una niña durante su infancia escucha discusiones (…) en casa, en seguida siente que su mamá, o su papá, está en una situación de debilidad. Eso puede llevarle a querer dar apoyo a esa madre, (o padre), ya que es una de las figuras que le da “todo lo que tiene en la vida” (cariño, elogios, alimentos..). Por ello, decide inconscientemente reforzar a esa madre. Comienza a actuar como ella, pensar como ella y modificando su forma de ser para “beneficio” de esa otra persona. 

También puede darse otra vía: aquel niño/a que refuerza o imita, esta vez, a la persona que entiende que su forma de ser es la única que le puede servir para sentirse segura.  

¿Qué importancia tiene?

Mucha. Tanta como que te aleja de tu esencia, de tu propia forma de ser. Creces asumiendo como verdades aquellas conclusiones a las que había llegado esa figura parental tan importante para ti. Eso te lleva a dejar de explorar tu propio camino.

Está claro que todos recibimos mucha influencia de nuestros padres, abuelos, hermanos mayores… No estoy hablando de eso. Me refiero a casos en los que la influencia es demasiado asfixiante. Porque va muy en contra de la esencia de la persona que sufre. Pero no puede despegarse de ella, y de ahí ese agotamiento, ese vivir con la sensación de que nunca alcanzará la paz interior… 

¿Cuándo se puede detectar?

En primer lugar, es necesario ser muy valiente y honesto con uno mismo. Porque al hacernos este planteamiento, sentimos que estamos defraudando a esa persona que tanto quisimos o seguimos queriendo.

En segundo lugar, te conviene hacerte esta pregunta cuando te sientes agotado, frágil y vacío. Vacío de hobbies, de relaciones, de intimidad, de algo que haga que tu vida llene tu corazón. Algo que haga que tu futuro te apasione, y no parezca oscuro y triste. 

Entonces reflexiona si, en algunas áreas de tu vida, tus comportamientos son muy fieles a la “filosofía” de vida de alguna de tus figuras más cercanas en la infancia. Quizá esa persona te decía que en la vida hay que trabajar mucho para ganarse el pan, o que no te puedes fiar de los hombres… Hay muchas creencias que pueden estar teniendo, inconscientemente, excesivo poder en tu forma de ver el mundo y actuar en él. 

El primer paso ya está dado

Si has llegado hasta aquí, y te sientes identificado con este proceso, ¡siéntete orgullos@! Ya has dado un paso muy importante. Ahora no debes agobiarte. No pienses que quizá tendrías que renunciar a ese familiar, ni te plantees que has perdido años de vida…

Recuerda que una de las claves para sentirnos bien es enfocarnos en lo positivo. Es la fórmula para, desde esa positividad, reconocer lo que a día de hoy ya no te conviene. Aquellos aprendizajes que aceptaste como válidos, esa forma de actuar tan excesivamente generosa, o demasiado desconfiada…

Todo eso quizá fue útil para esa persona, con su personalidad. Y con su entorno y su época. Pero, a día de hoy, a ti te hace daño. Ya no te conviene seguir con ello. Es hora de comenzar a pensar y actuar de forma diferente. Ya sabes que hasta que no actúas de forma diferente no consigues resultados diferentes. 

Sé que es un camino muy retante. Lo he vivido y he acompañado a varias personas en este proceso. Por mi experiencia, pienso que es necesaria ayuda. Alguien que te ayude a descubrir que hay otras opciones más acordes con tu esencia. 

Yo desde este blog, y desde mi página de facebook, trataré de seguir acompañándote en la distancia. Pero si crees que necesitas ayuda, no dudes que será una muy buena inversión


Si te apetece compartir alguna reflexión, puedes escribir abajo en el apartado de comentarios y te contestaré con mucho gusto. 

Un abrazo,

Eduardo.