¿Te has parado a pensar cómo actúas cuando tienes un dolor o estás enfermo? Esos días en los que te sientes peor, reaccionas siguiendo unos patrones aprendidos hace años. Puedes cambiar cómo te sientes, y con ello, puedes ayudar a tu cuerpo a volver a su equilibrio

perder salud, enfermedadMuchas son las causas por las que podemos perder nuestro bienestar: resfriados, infecciones, lesiones deportivas, estrés mantenido demasiado tiempo…  Ya sabes que no todos reaccionamos igual ante una misma situación. Si cuando pierdes tu salud lo pasas peor de lo que sería necesario, te interesa detectar aquellos aspectos que puedes cambiar para no sufrir tanto en esos días. 

 

Te presento algunas de las consecuencias más comunes que tienen el dolor y la enfermedad y estrategias para disminuir sus repercusiones

1. Disminuye tu efectividad

Es un hecho que no puedes llevar el mismo ritmo y rendir igual que cuando estás sano. Asumirlo y adaptarte a la nueva situación cuanto antes te ayudará a sufrir menos. Analiza y acepta las limitaciones que ese proceso de enfermedad te ocasiona. Cuanto antes lo hagas, mejor. Quizás sólo afecte ligeramente a tu capacidad de concentración. Reconocerlo hará que te sientas mejor.

Después, encuentra qué es lo que sí puedes hacer, qué otras formas tienes de hacer tus cosas. Prioriza lo importante, y deja para más adelante lo que no lo es tanto. Aunque te parezca que tu casa o tu departamento van a colapsarse sin tu presencia al 100%, la realidad es que no suele ser así. 

2. Demuestra que eres vulnerable 

Puede que en tu día a día seas una persona con mucha fuerza y energía. Pero eso no significa que siempre debas mostrarte fuerte y eficiente. Ser vulnerable es una condición de todos los humanos, y mostrarla es tan bueno como necesario. Reconocer tus momentos de debilidad te hace más fuerte que esconderlo y tratar de que no se note nada.

Es un buen momento para practicar esa tarea que tanto nos cuesta de “recibir“. Muchos de nosotros estamos más acostumbrados a “dar” que a “recibir”. Reconocer que necesitamos ayuda y aceptarla es un acto de humildad y de generosidad. Permite a tu gente que te ayude y que te acompañe en lo necesario. Cuanto antes analices de qué ayuda dispones y en qué te pueden ayudar, más fácil te será superar este obstáculo que supone la enfermedad.

3. Te hace sentir víctima de la enfermedad

Esta es una de las grandes luchas que librar contra la enfermedad. Sobre todo si hablamos de procesos que se repiten cada ciertos meses, o de enfermedades crónicas que nos dicen que sufriremos de por vida. La enfermedad en sí constituye una excusa a la que podemos achacar muchos de nuestros problemas: nuestro cansancio, nuestro mal humor, nuestra falta de ganas de hacer cosas… Dejar de hacer cosas que sí podemos hacer por tener la enfermedad es utilizar la enfermedad como algo positivo. Hay personas que inician así una especie de romance con su enfermedad, ya que les permite excusarse ante situaciones y obligaciones que podrían realizar pero no quieren. Otros encuentran el beneficio de que les permite obtener la atención de personas que de otra forma se preocuparían menos de ellas.

Por ejemplo, yo ahora que estoy con una otitis me he descubierto dejando de hacer una práctica de meditación que me había propuesto realizar durante 21 días. La otitis en sí no me impedía realizar esa práctica, pero utilizaba la excusa del cansancio por dormir mal y el dolor de oído para dejar de hacerla. Es sólo un ejemplo de cómo dejarte llevar por el victimismo puede romper hábitos que no están relacionados con tu dolencia. Si puedes realizar sin ningún problema, podrás seguir beneficiándote de ellos. ¡No los dejes! 

4. Te arrastra a un estado emocional negativo

Los estados emocionales que tenemos responden a la interpretación que hacemos de lo que nos pasa, y al significado que le damos. Si interpretamos la enfermedad o el dolor como un hecho que tiene una implicación negativa en todos las áreas de nuestra vida, le estamos dando el poder de hacer que esos días sean todo negatividad, sufrimiento y mal humor. Algunos sienten rabia, frustración, otros miedo a empeorar o perder oportunidades, otros tristeza por sentirse débiles…

Para ello es bueno reconocer esas emociones que estamos sintiendo, y analizar por qué nos sentimos así. Es muy posible que nos demos cuenta de que  no es necesario tanto sufrimiento. Cambiar el enfoque que le estamos dando es crucial para poder sentirnos mejor. Si en vez de centrarnos en todo lo que perdemos por estar enfermos, nos centramos en ver qué nuevas oportunidades de hacer cosas que normalmente no hacemos se nos presentan, seguro que encontramos un lado positivo a esta situación. No es fácil, sobre todo si siempre que has caído enfermo te has dejado arrastrar a un estado de víctima. Poco a poco puedes desarrollar esta nueva visión.

Hoy en día, con el acceso a internet desde casa, tenemos posibilidad de hacer y conocer muchas cosas que normalmente no hacemos porque no tenemos tiempo. Nunca sabes qué puedes descubrir investigando y dedicando tu tiempo a explorar la red, o a leer esos libros que tienes pendientes. Para ello hace falta que pongas de tu parte un esfuerzo inicial. Pero te compensará.  

En mi caso tengo la tendencia a aislarme y sentirme triste. Cuando enfermaba a menudo de faringitis, me enfocaba en lo débil que era por caer enfermo tan a menudo. Para mí significaba tener que quedarme en casa unos días y dejar pasar las horas sin hacer nada interesante. 

5. Te hace replantearte tu vida

Al sacarnos de nuestra rutina, nos deja tiempo para hacernos preguntas que en el día a día no nos hacemos. Si además estamos en un estado emocional negativo, lo veremos todo negro. Pero si controlas tus emociones, y observas que siempre que caes enfermo se repiten tus mismas preguntas, te conviene apuntártelas y encontrar mejores respuestas cuando te hayas recuperado. Si hay áreas de tu vida que reaparecen como zonas oscuras cada cierto tiempo, necesitas dedicarle tiempo y energía a encontrar otras soluciones diferentes a lo que ya estás haciendo. 

En mi caso, si no iba a trabajar o no podía hacer algo productivo, me encontraba muy vacío. Me costó entender que tenía que buscar mejores soluciones para enfocar de otra forma mi vida personal.

Te comparto el vídeo en el que comento estas reflexiones:

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Muchas gracias,

Eduardo.