¿Has sentido alguna vez dolor de corazón? Quizás alguna vez has dicho aquello de “me duele en el alma”. En las siguientes líneas te invito a reflexionar sobre si alguna vez has elegido, o sigues eligiendo a día de hoy, ese dolor. 

Dolor

Todos los seres humanos tenemos unas necesidades básicas que debemos tener cubiertas, al menos en parte, para sentirnos bien y poder crecer y contribuir con nuestro entorno. Hay varias clasificaciones de las necesidades humanas. Voy a reflejar aquí la clasificación que utiliza el Coaching de Intervención Estratégica de Tony Robbins. Esas necesidades son:

  • Necesidad de seguridad: necesitamos sentirnos protegidos, alejados del dolor, frío, hambre…
  • Necesidad de importancia: de sentirte especial, importante para alguien, y necesitado por otros. 
  • Necesidad de variedad: tener sensaciones de aventura, de cambio, de novedad.
  • Necesidad de amor y conexión: sentirnos amados, pertenecer a un grupo de amigos, a una pareja, a un proyecto.

Según la personalidad que fuimos desarrollando, cada uno de nosotros damos más importancia a unas que a otras. Pero, para sentirnos bien, todas deben estar cubiertas en un mínimo. Y todos, consciente o inconscientemente, utilizamos diferentes estrategias para cubrir esas necesidades.

Hay estrategias que nos vienen bien y nos hacen la vida agradable. Otras, sin embargo, nos perjudican a nosotros y, a veces, a las personas que están cerca de nosotros. Por ejemplo, cubrir mi necesidad de variedad con infidelidades es seguro que me traerá problemas en mi relación de pareja. 

Necesitas sentirte importante: es bueno reconocerlo

Una de las necesidades que, a muchos, más nos cuesta reconocer es la necesidad de importancia. Todos, desde pequeños, necesitamos que nos den “caricias“, tanto físicas como emocionales: un refuerzo positivo, una palabra de ánimo, una muestra de que confían en nosotros…

Desde pequeños nos las ingeniamos para obtener ese reconocimiento: llorando, haciendo gracias, siendo muy responsables, sacando buenas notas… Si esto no funciona, buscamos otras estrategias que también sirven para darnos importancia, aunque sea en negativo: romper juguetes, pegar a un hermano, sacar malas notas…

Y aquí es cuando surge el problema. Porque hay estrategias que dan importancia, pero… ¡¡nos hace sufrir!! Sin embargo, decidimos inconscientemente pasarlo mal a cambio de cubrir nuestra necesidad de importancia. No es tan descabellado, recuerda que lo sentimos como una necesidad.  

Preferimos dolor a sentirnos ignorados. 

William Faulkner, escritor y poeta estadounidense, escribió: “Entre el dolor y la nada, prefiero el dolor”.

¿Qué entendemos por “la nada”? Para mí la nada es ese vacío de sentirte sólo, aislado, olvidado y rechazado. Esa necesidad de importancia que no se cubre de ninguna forma. 

Si, por el motivo que sea, tu pareja comienza a desatenderte, a no dedicarte tiempo y no estar pendiente de pequeños detalles que a ti te hacen sentirte importante, ¿qué crees que ocurrirá? ¿Prefieres la nada? O buscas otras estrategias para llamar su atención? ¿Algo que te haga recuperar esa importancia que mereces, y que, no lo olvides, necesitas? Una de esas estrategias podría ser crear una discusión.

A veces encontramos estrategias correctas para evitar “la nada”. Comunicar nuestra necesidad de una manera asertiva, explicando cómo nos sentimos, sería una estrategia que nos evitaría el dolor.

Pero muchas veces encontramos, inconscientemente, estrategias que nos llevan a situaciones dolorosas. Podríamos pensar aquí en adicciones, discusiones, aceptación de situaciones que no deseamos… Sencillamente no somos capaces de detectar otras formas de cubrir esa necesidad básica que tenemos. 

Es más habitual de lo que creemos

¿Conoces a alguien que haya permanecido en una relación en la que no es feliz? Prefiere el dolor de esa relación a “la nada” que siente si se imagina viviendo sola, sin tener una pareja que, “al menos”, comparte su vida con ella. 

Podemos encontrar ejemplos en diferentes ámbitos de la vida: 

  • en el trabajo: por ejemplo, decidir permanecer en un trabajo que te genera dolor, por temor a perder reconocimiento, relaciones sociales… 
  • en la familia: en ocasiones nos cuesta expresar nuestro punto de vista y actuar según nuestro criterio por temor a perder contacto, ser criticados… 
  • en la salud: es habitual observar en personas de edad avanzada cómo se aferran a sus dolores porque así sus hijos, nietos… están más pendientes de ellos. 
  • en las relaciones íntimas: seguro que a estas alturas, ya se te ocurre algún ejemplo. 🙂

¿Qué solución hay?

Desde la inteligencia emocional y el coaching, podría resumirlo en dos caminos a seguir:

  • Por un lado, ser consciente de las estrategias que estás utilizando y del daño que te están ocasionando. A partir de ahí, definir otras estrategias que cubran esa necesidad y que te aporten bienestar.
  • Por otro, desbloquear esas creencias limitantes y esas emociones de miedo, baja autoestima… que rodean a “la nada” de cada uno. Son la causa de que prefieras ese dolor y de que no te atrevas a utilizar otras estrategias más saludables. 

¿Te apetece compartir alguna reflexión sobre este tema en los comentarios? En cuanto pueda lo leeré y lo podremos comentar. Nos vendrá bien a todos. ¡Gracias!