Cuando te propones un objetivo, una intención de nuevo año… ¿tienes, realmente confianza en ti mismo? ¿Te crees capaz de mantenerte firme en tu propósito a pesar de las dificultades que vengan?

Muchas veces nos marcarnos objetivos que sabemos que nos harán sentirnos mejor de lo que estamos. Por ejemplo: perder peso, hacer más ejercicio, buscar otro trabajo, leer más libros… Tras pasar esos primeros días en los que hay mucha motivación, nos encontramos con situaciones que retan nuestro compromiso con ese propósito. Solemos caer en justificaciones, excusas, sentirnos incapaces… Terminamos así abandonando o postponiendo, nuevamente, ese propósito que tanto nos motivaba. ¿Podemos hacer algo para que no nos pase año tras año?

Confianza en uno mismo

Una de las claves para alcanzar nuestro estado deseado es la confianza. Fortalecer la confianza en uno mismo es muy importante, ya que es uno de los pilares de la autoestima. Es una tarea que vamos desarrollando o descuidando desde la infancia. Hay niños que desde pequeños se atreven a pedir algo que necesitan a un desconocido, y otros que tardan años en vencer la timidez y confiar en que nada malo va a pasar por expresarse. 

Es posible que te definas como una persona con baja autoestima. O quizá creas que tu autoestima está perfecta, pero te cuesta cambiar y salir de esa situación que te genera estrés y afecta a tu estado emocional. En ambos casos te vendrá bien regalarte algo más de confianza en ti mismo. Lamentablemente, no se compra en una tienda; es necesario un trabajo personal.

“Si tienes confianza en ti mismo, ya has recorrido la mitad del camino”. F.D.Roosevelt. 

Y, ¿cómo se consigue? A continuación te presento 4 aspectos que puedes ir trabajando fácilmente.  

1. Sé consciente de tus responsabilidades [no sólo las que te cuestan más trabajo].

Desde pequeños hemos ido asumiendo responsabilidades. Es lo que tenemos que hacer para cuidarnos y ocuparnos de nosotros mismos.

Si lo aprendimos desde pequeños, nos costará menos trabajo. Si, por el contrario, nuestros padres nos hiper-protegieron, con la mejor de sus intenciones, quizá se nos haga más difícil asumir esas responsabilidades. 

Te invito a que pienses todas las responsabilidades que asumes en tu día a día, desde alimentarte, socializar, cuidar hijos, padres, pagar facturas, apoyar a algún amigo, cultivar una relación, cuidar tus plantas, amar a tu mascota…

Valora la energía que pones en esas tareas, el motivo por el que las haces, y piensa que podrías vivir sin algunas de esas responsabilidades. Sin embargo, has elegido aceptarlas. Reconócete tu esfuerzo y cada acción que hagas relacionada con ellas. Porque el resultado de esas acciones tiene efectos muy beneficiosos para otros, y para ti. Teniendo presente este enfoque, aumentará tu confianza en ti misma cuando te plantees asumir nuevas responsabilidades. Y tu autoestima saldrá más fortalecida.  

2. Cambia tu forma de hablarte

Es muy habitual que en nuestra infancia, nuestros educadores nos mandasen continuamente mensajes negativos. Yo recuerdo algunos del tipo: “eres bastante torpe“, “eres incapaz de prestar atención“, “nunca conseguirás nada“. Hoy se sabe que esos mensajes negativos influyen directamente en la autoestima de los niños. Además, provocan el efecto contrario al deseado de aumentar la motivación y compromiso del niño. 

Lamentablemente, también es muy habitual que, como adultos, repitamos esos patrones. Nos hablamos a nosotros mismos de manera despectiva y poco condescendiente. “Nunca aprenderé“, “soy muy lento para…“, “soy incapaz de hacerlo bien…“. Escucho, además, a mucha gente que se auto-define con algún insulto, como “es que soy muy tonta“, “soy un estúpido“…

Haz el propósito de estar atento a los mensajes que te mandas a ti mismo. Cada vez que detectes que te estás castigando con tus palabras, cambia el enfoque. Busca otras palabras que definan mejor tu situación, más positivas y motivadoras: “Estoy aprendiendo“, “estas tareas siempre me han costado un poco más de esfuerzo…“, “la próxima vez me esforzaré por evitar que se repita...”.

Entiendo que puedas pensar que este consejo tiene… “poca fuerza”. Hace un tiempo, yo también dudaba de estas tareas. Pero créeme que el poder de la palabra es muy potente. Y, por otro lado, ¿qué te cuesta? Si no lo has hecho hasta ahora, te estás dando una oportunidad de hacer una cosa diferente… y tener resultados diferentes. ¡Regálatelo!

3. Acepta tus sentimientos y tus emociones.

Recuerda que no hay emociones positivas ni negativas. Si una emoción surge en ti, por ejemplo la tristeza, ésta responde a un estímulo que tú estás interpretando como una pérdida. Tu cuerpo siente esa emoción, y te avisa de que tienes que hacer algo para resolver esa situación: aceptar la pérdida, valorar lo aprendido, plantearte si es una pérdida real o estás haciendo una interpretación alterada de la realidad… 

Lo importante es que te valores en esas situaciones igual que en otras en las que sientes emociones más placenteras como la alegría. Lo que tú eres, tu valor como persona, no se altera porque estés sintiendo miedo, tristeza, rabia… 

4. Valora tus decisiones

 

Tomar decisiones, para muchos, es una tarea muy costosa. Incluso decisiones en situaciones cotidianas, como qué ropa ponerte, o qué plato pedir en un restaurante, pueden hacerte sentir inseguro.

Si es así, es posible que estés acostumbrado a dar mucha importancia a tu mente racional, y tratas de acallar a tu mente emocional, a tu intuición. Si tu mente racional se inclina más por una opción, pero tu mente emocional se inclina por otra, ahí surge la duda. Seguramente desde pequeño se te enseñó a que había que racionalizarlo todo, justificarlo…

Créeme, tu intuición es una gran aliada a la hora de tomar decisiones. Permítete escuchar y dar una oportunidad a esa mente menos racional. 

Me gustaría que recordases, cuando vayas a tomar alguna decisión, que no hay una que sea la correcta, y las demás son incorrectas. No dejes que el miedo a descartar una, te paralice. Si sientes más inclinación por una opción, ve adelante. Valórate por haber dado el paso a tomar una decisión. Acepta todo lo que venga de ella. Nunca sabrás lo que habría pasado de tomar la otra, pero puedes aprender muchísimo de todo lo que te aporte la decisión que has tomado. 

Muchas gracias por leer el artículo. Si te ha resultado interesante, puedes tomar la decisión de compartirlo por alguna de los redes sociales que te pongo aquí abajo. Seguro que a alguien más le viene bien ganar confianza. ¡Muchas gracias! 

Eduardo.