¿Pasan los días y siempre dejas algo para el día siguiente porque te quedaste sin tiempo? ¿Pasan las semanas y no consigues sacar un hueco para hacer esas cosas que tienes tantas ganas? ¿Te has planteado alguna vez que “lo que haces con tu tiempo es lo que haces con tu vida”

Todos tenemos muchas tareas que hacer a lo largo del día, desde el trabajo, la familia, el hogar, el deporte… Algunas te gustarán más y otras algo menos. Un día tomaste la decisión de que formasen parte de tu vida. Puedes pensar que algunas tareas no las decidiste tú, pero si lo piensas bien, seguro que encuentras otra opción que podrías haber elegido (quizás más drástica, o más incómoda para otros…). 

estres

Según la tipología de personalidad que fuiste construyendo en tu infancia, la gestión del tiempo te causará más sufrimiento o menos.

Si tienes una necesidad elevada de tener todo bajo control, o de hacer muchas cosas para sentirte querida o importante, es posible que sufras por falta de tiempo.

Si te consideras perfeccionista, o si tienes el insano hábito de la procrastinación (dejar para otro momento las tareas que tienes que hacer), es posible que el estrés te ocasione dolores de cabeza, contracturas en cuello y espalda… 

Yo he vivido durante años repitiendo como un mantra la frase “no tengo tiempo”. Se la decía a mis padres para desahogarme. A mi pareja, a mis amigos, a mis compañeros de trabajo… Siempre, inconscientemente, obtenía un beneficio secundario (mayor atención, interés, refuerzo para mi ego…).

No era consciente de que, en el fondo, era una excusa. No para dársela a ellos, sino para mí mismo. Yo mismo me buscaba tareas, cursos, proyectos… Todo ello me hacía sentir responsable, exitoso, luchador, comprometido… Todo eso estaba bien, ya que estaba ligado a valores muy alabados en mi entorno. Sin embargo, ¿qué me estaba perdiendo?

Consecuencias de vivir en el “no tengo tiempo”

  • Desatiendes tu vida personal. Al principio no le das mucha importancia, crees que todos lo entenderán. Pero un día te das cuenta de que has ido descuidando las relaciones con tus amigos, tu familia y, quizá, con tu pareja.
  • Agotamiento. Como siempre tienes algo que hacer, no te permites descansar lo que debes. Te auto-convences de que no necesitas descansar, que aguantas ese ritmo. Aparecen entonces infecciones, contracturas, eccemas en la piel…La realidad es que tu cerebro y tu cuerpo sí necesitan ese descanso, esas horas de sueño y esos días de desconexión. 
  • Disminuye la calidad y/o la originalidad en lo que haces. Cuando actuamos bajo el estrés del tiempo, nos resulta más difícil conectar con nuestra intuición y nuestra creatividad.
  • Incumples alguna de tus responsabilidades, o alguno de tus valores: libertad, pasión, belleza… De alguna forma, sabes que te estás fallando a ti mismo.  

Causas de la “falta de tiempo”

1. NO SER CONSCIENTE.

El tiempo es un bien escaso. La calidad con la que administras tu tiempo determinará, en buena parte, los resultados que alcances en tu vida.

Está claro que la percepción del uso del tiempo es totalmente subjetiva. Lo que para uno es aprovechar el tiempo, a otro le puede parecer una pérdida de tiempo. Lo importante es que tengas claros tus valores y tus metas.

Detectar cuáles son tus ladrones de tiempo y tus fugas de energía te ayudarán a administrar mejor tu tiempo (escribiré próximamente sobre estos temas). Trata de ser consciente de en qué y con quién se te va el tiempo y tu energía. 

“Encuentra un tiempo para ti mismo y un tiempo para los demás”

 2. FALTA DE PRIORIZACIÓN. 

Para poder priorizar las tareas que tienes que hacer, lo primero que hace falta es tiempo. Pero recuerda, ¡no es tiempo perdido! Pararse a pensar el mejor modo de realizar las tareas (tiempos, orden…) es más eficaz que empezar a gastar energía sin una planificación. 

Por eso te recomiendo dedicar 5-10 minutos al comenzar el día a pensar las tareas que quieres realizar. Visualízate realizándolas, organízalas según tu conveniencia y tus posibilidades, y decide conscientemente que las quieres realizar.

Si esto último te cuesta, porque no te sientes del todo cómodo con tu situación actual, comienza a diseñar pequeños cambios, o busca tiempo para leer, buscar información e inspiración, aprender nuevas cosas… 

“Encuentra un tiempo para reflexionar y un tiempo para actuar”

3. UN MAPA MENTAL LIMITANTE.

La importancia que le das a tu tiempo está en función de tus valores, tus creencias (leer más), tus costumbres y tus actitudes ante la vida. 

Imaginemos que yo no le doy importancia a permitirme la alegría, entendida como emoción que surge en mí cuando me permito fluir, relajarme, desinhibirme, ser yo y compartirlo con mi gente. Mi gestión del tiempo será muy diferente a la de una persona que quiere parte de su tiempo para dejarse fluir sin horarios, improvisar planes, sorprender a su pareja/amigos… 

“Encuentra un tiempo para la actividad y un tiempo para el reposo”

Mi experiencia y mi decisión

Siempre he sido una persona muy ajetreada e hiperactiva. Ocupaba mi agenda con cosas “productivas”. Cuando tenía ratos sin planificar, me sentía mal, sentía el “vacío” de no hacer nada. Estaba muy cómodo en el “hacer”, pero muy incómodo en el “ser”. Cuando empecé a ser consciente, a priorizar mis tareas, y a cambiar mi mapa mental, comencé a darme cuenta de todo lo que me estaba perdiendo. 

La próxima semana me voy a vivir a una pequeña isla en Tailandia. No voy en búsqueda de la iluminación, ni de mi camino. No pretendo aislarme para calmarme. Pero sí voy a regalarme un tiempo para “ser”. A romper ese patrón de tanto “hacer”.  A deshacerme de ese hábito y ese cansancio de no tener tiempo. Pero, sobre todo, lo hago como un acto de amor a mi mismo.

Nos vemos en el próximo artículo, que escribiré desde allí. 

Muchas gracias por leerme y por comentar aquí abajo. ¡Gracias!

Un abrazo,

Eduardo.